EL barco del cuadro

Tenía un cuadro en el salón de mi casa, que un día me quedé mirando fijamente y …

‑¡Venga todos a la galera! ‑dijo el pirata. Y todos fuimos tirados a un sitio que llamaban galera, que era como una cárcel. De pronto, después de un rato, lo que parecía un barco, (porque estaba muy desconcertado), se empezó a mover.

‑¡Grumete todo a babor! ‑gritó el pirata, y era todo lo que parecía que sabía hacer.

Entonces el grumete dijo:  ‑Sí señor‑ y replicó‑ ¡siempre igual, grumete por aquí, grumete por allá, siempre igual!.

¿Cómo te atreves a decirme eso a mí, al pirata Matatodos? ‑y entonces lo echó por la borda, atado de pies y manos.

Batalla Naval
Vista en detalle del cuadro que inspiró esta historia

Después de enterarme de su nombre alguien gritó:  ‑¡Barco enemigo a estribor

‑Rápido preparad los cañones, todos a sus puestos; Señor se acerca hacia nosotros.

‑Bien, entonces huyamos.

‑Pero ¿cómo señor? ‑dijo el nuevo grumete.

‑Haz lo que te digo y huye.

‑Dijo otro pirata‑ Nos lanzan un misil. ‑Imposible eso todavía no está inventado. ‑¡Ah es verdad!.

Entonces nuestro barco, o mejor dicho su barco, se empezó a ir del lugar. Me dormí y mientras dormía entramos en una tormenta, pero no me desperté porque cuando yo duermo… Cuando me desperté estaba en un trozo de bodega de barco en una isla desierta.

Dije‑ no puede ser, pero es cierto, ¡soy libre!. Después de que fuera libre, me dispuse a hacerme una casa, que por lo menos me sirviese para dormir. Después hice unos cuantos artilugios para cazar y todo eso, pero cuando iba a cazar el primer animal me dio pena, así que esperé a que. naufragara otro barco, como en Robinsón Crusoe, pero nada. Entonces me puse a dar vueltas a la isla y se mareó. Me tuve que ir, ya que la isla se hundió. Volví a tumbarme en el trozo de barco y me fui a recorrer océanos.

‑¡Eh mirad, un naufrago! ‑dijo alguien.

‑Nos divertiremos.

Me recogieron y se pusieron a jugar al ping‑pong con la comida para darme ansias, ni me inmuté, y entonces se enfadaron y me tiraron la comida a la cara, (lo que yo quería).

‑Gracias

‑Cállate cerdo.

‑.Cerdo tú.

‑Tiradlo por la borda.

‑Bueno, si me tiráis no os digo un secreto y como una de esas tonterías que se dicen, la creyeron, y dijeron que si se lo decía me darían de comer hasta que llegáramos a puerto, se lo conté, y entonces no hicieron nada de lo que prometieron (tonto de mi). Siguieron haciéndome de rabiar, sin éxito, hasta que llegamos a puerto y me vendieron como a un vil conejo.

‑Barato, barato.

‑Será negrero ‑ pensé.

‑Señores, Señores, bonito, bueno y barato.

‑Yo lo quiero, haré un estofado ‑dijo uno.

‑No me lo he pedido yo antes ‑dijo otro‑ además no lo asaré.

‑Yo doy 10.000 ‑supongo que eran escudos, porque en esa época…

‑Pues yo doy 50.000.

‑‑‑Quién da más, quien da más.

‑Nadie, me lo quedo yo.

‑¡Uf! menos mal, pensé, pero de pronto llegamos a una mina y el señor que parecía tan amable dijo:

‑¡A trabajar’

‑¿Por qué? dije yo.

‑Mira que te azoto ¡eh!

‑Vale, vale, trabajo ‑dije medio soplando.

Después de arrepentirme de decir eso, me adentré en la mina, que era de oro, y me propuse escaparme con un poco, vamos, lo que me cabía en los pocos bolsillos, menos rotos, de mi harapiento traje. Pues bien, me escapé con el oro y los guardianes me persiguieron por la ciudad, pero conseguí escapar de ellos y coger el camino de mi casa. Por el camino, casi llegando me atracaron unos salteadores de caminos y:

‑¡Eh tú! que llevas ahí ‑dijo uno de ellos.

‑Nada, nada ‑y eché a correr.

‑Quieto, quieto que te mato.

‑¡BOOM! ‑y disparó su trabuco.

Conseguí escapar de los ladrones y …

‑Lolo, Lolo despierta.

‑¡Eh!, ¿Cómo? ¿Qué pasa?.

‑Te habías dormido mirando el cuadro.

‑¡OH!, todo ha sido un sueño pensé, pero en uno de mis bolsillos, había una gran pepita de oro, que todavía guardo, y además, cuando me iba a mi habitación, en el cuadro alguien dijo:

‑¡¡¡TODOS A LA GALERA¡¡¡

 

POR: Manuel Arranz Martín (con 13 años)

 

 

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