LADY BLACK Y EL CABALLITO DE MADERA

Por los mares lejanos y misteriosos del sur, donde habita el temido leviatán, navegaba un viejo velero pirata capitaneado por una joven de pelo largo y oscuro. A diferencia de los otros capitanes, Lady Black, que así la llamaban, no quería oro, joyas y piedras preciosas. A Lady Black le iba más el rollo de las chuches, las muñecas de porcelana y sobre todo los caballitos de madera.

A Lady Black siempre la acompañaba su fiel mascota, un pequeño labrador de pelo corto y marrón como el café con leche. Lady lo rescató, siendo un cachorro, del naufragio de un carguero inglés al que llevaba siguiendo varios días, era tan pequeño y estaba tan mojado que pensó que moriría de frío. Lo envolvió en una manta y estuvo toda la noche junto a él para darle calor, era tanto el frío que tenía que su tiritona hacía temblar todo el barco y cuanto más lo abrazaba Lady más temblaba el cachorro. Tantos fueron los temblores de esa noche que decidió que le llamaría Tiritones. Desde aquella noche Tiritones y Lady fueron inseparables.

A Tiritones le parecía que ese no era un nombre muy adecuado para un perro pirata y a veces soñaba con ser un fiero Bullterrier de nombre Sañudo. Pero en realidad a Tiritones lo que más le gustaba era nadar, pues a pesar de su mala experiencia en el naufragio no le daba ningún miedo el agua. De hecho su momento favorito era cuando arribaban a puerto.

– ¡Tiritones! Llegamos a puerto, ¿preparado para llevar el amarre?
– Guau! Guau!
– Adelante pues

mapatesoroY Lady lanzaba al aire la maroma que tiritones cogía con enorme destreza para seguidamente lanzarse por la borda y nadar hasta la orilla con la cuerda en la boca que enganchaba en el amarre, roca o árbol de la isla y allí se quedaba esperando a que desembarcase su capitana.

Un día de tantos, durante un amarre, Lady tardaba en desembarcar, quizá quería ponerse guapa para bajar a tierra, y Tiritones se impacientaba tanto que para distraerse comenzó a cavar agujeros por toda la playa, luego se metía dentro para refrescarse con la tierra húmeda. Fue entonces cuando escavando su tercer hoyo, se encontró con una vieja botella de cristal con lo que parecía una especie de pequeño pergamino en su interior. Tiritones emocionado por el hallazgo, agarró con todas sus fuerzas la misteriosa botella por el cuello y moviendo el rabo de un lado a otro corrió hasta la barca de la que descendía Lady en ese momento.

– Vaya, vaya… ¿Que has encontrado amiguito? – A Lady le gustaba poner una voz grave y seria como de pirata mayor – Umm… parece algo interesante…
– Guau!, Guau, – Ladraba tiritones mientras daba saltos de alegría alrededor de la capitana.
– Tiritones… ¡creo que acabas de encontrar el mapa de nuestra próxima aventura!

Se sentó sobre la arena, hizo tumbarse a Tiritones y desplegó el misterioso pergamino que había en el interior de la botella. Nada más verlo se dio cuenta de lo que era, su padre le había contado muchas veces esa historia. No podía creer lo que tenía delante, era el mapa de un tesoro, pero no de un tesoro cualquiera, se trataba del más grande y más buscado tesoro de todos los tiempos. Se dice que fue el mismísimo Barbarroja quién lo escondió en una remota isla y que todos los que sabían de su paradero habían muerto o estaban presos de la corona.

Lady recordaba muy bien esa historia, no porque fuese diferente de tantas otras que le contaba su padre, si no por el tesoro del que hablaba. Al parecer, el legendario pirata Barbarroja abordó el barco de un juguetero que llevaba un cargamento de juguetes procedentes de los más remotos y exóticos países para la mismísima Reina de Inglaterra. Había autómatas de China, Muñecas de Bagdad, collares de coral de Hawai, Caballos enanos de la India, pero lo más sorprendente, por encima de todos los demás juguetes, era un precioso caballito de madera traído de las lejanas tierras del Japón imperial. Según la leyenda el caballito fue fabricado por un artesano de la corte del Zar Ruso para la mismísima Zarina Anastasia, pero el carpintero jamás entregó el encargo. Unos dicen que enfermó, otros que lo apresaron y hay quien asegura que era tal la belleza de su obra que no pudo soportar desprenderse de aquel caballito de madera y huyó con él por toda Rusia hasta las costas de Japón donde estuvo oculto hasta que lo encontró el juguetero de la Reina.

Lady recordaba las palabras de su padre: – …. Y los marineros que lo tuvieron cerca aseguran que por las noches el caballo cobra vida y si te subes a su grupa te conduce a un maravilloso mundo de juegos y fantasía…. – ¿Un caballito mágico, Papá? – Preguntó Lady – Si, más mágico que los sueños y más bonito que la más bella flor.

– Tiritones, ese tesoro ha de ser mío. Es muy importante que nadie sepa de la existencia de este mapa, pues es mucho el valor de tan codiciado tesoro
– Guau, Guau, – Tiritones, aunque no hablaba parecía entender todo lo que decía Lady – Guauuu, Guauuu, – Volvió a decir mirando a su amita, como si le quisiera dejar claro que aún si pudiera hablar, el secreto estaría a salvo con él.

Y así, con la seguridad de tener el tesoro para ella sola, Lady y Tiritones subieron al bote de regreso a su barco, pues debían preparar el viaje hacia su nueva aventura.

Pero en la playa, escondido debajo de una maraña de algas secas, había estado escuchándolo todo Norberto el ratón del desierto, que era uno de los esbirros del pirata más malo y más feo de todos los mares del sur, el capitán Pastilla que por pierna llevaba una astilla. El Pirata Pastilla siempre se rodeaba de los más malos y sanguinarios piratas que conocían los mares.

Norberto corrió presto a contarle a Cebollo, el pirata que nunca comía repollo, todo lo que había oído. Cebollo, que además de pirata era otro de los esbirros del capitán Pastilla, tenía la curiosa habilidad de interpretar los chilliditos de Norberto.

– Hij, hij… hij, hij ,hijhij
– ¿Qué dices que has visto a la capitana Lady?
– Hij, hij… hijij
– ¿Qué ha encontrado un mapa de un tesoro perdido? – mientras Norberto seguía con su discurso – ¿Qué es el tesoro perdido de Barbarroja? ¿qué has memorizado el mapa?
– Hiiiiij, Hiiiiij – contestó Norberto indicándole a Cebollo con la pata que más o menos
– ¡Como que más o menos! Sabes lo importante que es para el capitán Pastilla, desde que era un mocoso él siempre ha soñado con ese tesoro y su caballito de madera. No puedo contarle todo esto al capitán y decirle que no recuerdas todo el mapa.
– Hij, hij

Cebollo cortó una hoja de palmera y puso a Norberto encima junto con un tizón de madera. Norberto, que aunque malvado era un ratón muy listo, empezó a pisotear el tizón hasta que sus patitas estuvieron bien negras y correteando por la hoja dibujó el mapa que había visto en las manos de Lady. Pero en una parte del mapa había algo que no encajaba, una pequeña marca con la forma de la huella de un perro.

Tiritones, que además de todo lo que ya os he contado, tenía un olfato muy fino, alertó al Lady de la presencia del pequeño espía, pero la capitana estaba tan ensimismada con el hallazgo y la idea de conseguir aquel famoso tesoro que no hizo ningún caso a los ladridos y señales de Tiritones hasta que estuvieron a bordo de su barco.

– Oh! Tiritones, que rabia no haberte prestado atención antes, podíamos haber evitado que ese malandrín se enterase de nuestro secreto. Debemos apresurarnos, pues a estas horas el capitán Pastilla ya estará enterado de todo y preparando su barco para el viaje
– Guau, guau…. Guau! – y de un salto Tiritones arrebató el mapa de las manos de Lady, mostrándola en el suelo como había tapado con su pata la parte más importante ¡la localización del tesoro en la isla!
– Que listo eres Tiritones, tenemos que zarpar de inmediato y adelantarnos al malísimo Pastilla y su pandilla de secuaces

Mientras tanto en el barco de Pastilla, Cebollo y Norberto iban camino del camarote del capitán para comunicarle el hallazgo de Lady y enseñarle la copia que Norberto había dibujado con sus patitas en la hoja de palmera.

– ¡Capitán! ¡Capitán!, tenemos una cosa muy importante que decirle – dijo Cebollo aporreando la puerta del camarote.
– ¡Maldita sea! Quien osa molestarme, ¿acaso no quedó claro que no quería que nadie me molestase? – gritó el capitán malhumorado desde dentro del camarote.
– Sí mi capitán, pero lo que tenemos que decirle es muy importante. – y bajando la voz Cebollo dijo arrimándose todo lo posible a la puerta – tenemos una pista sobre el tesoro de Barbarroja.
– ¿Qué decís malandrines, no será esto algún tipo de broma? – se oyó un golpe seco en el suelo y acto seguido el arrastrar de la pata de palo del capitán aproximándose a la puerta. – pasar y contarme todo lo que habéis averiguado.
– Mire su excelencia – Cebollo era un poco pelota – Norberto ha estado espiando a Lady Black y ha averiguado que tiene el mapa del tesoro de Barbarroja – Sacó la hoja de palmera donde Norberto había dibujado el mapa y se la dio al capitán.
– ¿Estás seguro que este es el mapa que tenía la señorita Black? – Dijo el capitán pastilla mirando fijamente al pequeño roedor – Porque si te equivocas pasarás el resto de tu vida pelando patatas en la bodega de este barco.
– Hij, hij hij – dijo el ratón – Si mi capitán estoy seguro – Tradujo presto el pirata Cebollo.
– Hay algo raro, raro en este mapa que no sé qué es pero me voy a fiar de ti Norberto. Al fin y al cabo siempre has sido uno de mis mejores espías. – y acariciando la cabecita del ratón el capitán se retiró a su camarote no sin antes dar su última orden del día – ¡Contramaestre, prepare el barco para zarpar al amanecer!

hojatesoroEn el barco de Lady, la actividad era frenética, pues sabían que el capitán Pastilla no escatimaría en medios para quitarle su ansiado tesoro. Pepino, el pirata niño y su loro Rolando siempre acompañaban a Lady en todas sus aventuras y ésta no sería diferente. Pepino hacía todo lo que podía dentro del barco y siempre era de gran ayuda en los largos viajes por mar abierto. Rolando había sido cantante de ópera y de vez en cuando, sobre todo cuando tenía miedo, cantaba algún fragmento de su ópera favorita, El Barbero de Sevilla.
– Fortunatisimo ververitaa, tralalalera tralalaraa, tralalalera tralalaraa … ¡Eh Fiiigaro, Figaro, Figaro, Figaro, Figaro, Figaro, Fiii..iigaro oi meee.
– Vaya, vaya, Rolando. ¿Ya estamos otra vez? Si todavía no hemos ni zarpado y ya tienes miedo. ¡Jejejeje! – dijo Pepino medio riendo.
– No se lo reproches Pepino, no es malo tener algo de miedo, yo misma estoy asustada, sobre todo sabiendo que el malvado Pastilla andará detrás de nuestra estela a la espera de que cometamos el más mínimo error y entonces……. ¡Zas! Atraparnos sin piedad. – y Pepino dio un respingo, del susto.
– ¡Ay! Que susto.

Durante la madrugada, cuando aún no se vislumbraban las primeras luces del alba, Lady y su tripulación de valientes piratas zarparon hacia la isla misteriosa. Una isla que sólo el poseedor del mapa de Barbarroja podría encontrar, pues no aparecía en ninguna carta de navegación conocida.

Unas horas más tarde, sin saber que Lady se les había adelantado zarparon el Capitán Pastilla y sus secuaces.

– A toda vela contramaestre, ha llegado el momento de mi venganza. JA, JA, JA, JA, JA. – Rió el pirata malvado – ese maldito caballito de madera se va a arrepentir de haberme tirado de su grupa. Lo reduciré a astillas y mi venganza será completa.

Si, amiguitos, el capitán Pastilla no quería el tesoro para acumular más fortuna, tampoco lo quería para acumular más poder, ni siquiera quería montar en el caballito mágico. Pues sabía que lo volvería a tirar al suelo en cuanto intentase subir a su lomo. ¿Pero cómo sabía tanto el capitán Pastilla del caballito de madera? ¿Cuándo había intentado montarlo por primera vez? El capitán Pastilla guardaba un oscuro secreto, que ni sus esbirros de mayor confianza conocían. El viejo capitán, no siempre fue tan viejo, pero siempre fue muy malo. Desde su infancia había estado rodeado de piratas y lo sabía todo de ellos y sus tesoros, porque al igual que la capitana Lady era hijo y nieto de piratas, de hecho provenía de la más cruel y oscura tradición de piratas conocidos, pues en realidad su abuelo era el mismísimo Barbarroja.

Siendo un jovencísimo pirata embarcó en el navío de su abuelo días antes de la captura del Juguetero y su tesoro. Nada más ver aquel caballito de madera dijo que sería suyo. Estaba pintado de un intenso color rojo, su crin y su cola estaban hechas de un hermoso pelo blanco y brillante que su artesano recortó de los caballos de la guardia del Zar, las correas eran de oro puro y la montura de un suave terciopelo verde. Pastilla había oído hablar del extraordinario poder del caballito y de las leyendas del mundo de fantasía que se podía visitar montado en él, impaciente, una noche que su abuelo dormía y que su padre y el resto de la tripulación estaban en tierra festejando el botín, bajó a la bodega del barco con la intención de montar en el caballo y quedárselo para el solo. Sin embargo el caballo no quiso cabalgar con Pastilla y tirándolo al suelo le dijo.

– Lo siento amiguito, pero sólo los niños buenos y puros de corazón pueden cabalgarme hasta mi mundo de fantasía.
– Yo soy bueno replicó el pirata
– ¿Seguro? – y olisqueándole la cara le dijo – Noto mucha maldad en ti, tu corazón es caprichoso y egoísta. Tú no sólo me quieres para ti solo, tú lo que quieres es apoderarte de mi mundo. ¡Márchate! jamás conseguirás cabalgarme.
– Maldito seas, eres el caballo más tonto y ridículo que he visto – Dijo el joven Pastilla con enorme enfado. – Si no eres para mí no serás para nadie – Y comenzó a golpear el juguete con todas sus fuerza, tanto, que los golpes alertaron a su abuelo que dormía en el camarote.
– ¿Qué es lo que ocurre? ¿Qué son esos golpes? – Y Barbarroja bajó hasta la bodega para averiguar qué es lo que sucedía – Niño mal criado, ¡detente! Tengo grandes planes para ese objeto ¿Acaso no entiendes que su valor es incalculable? No puedo permitir que el capricho de un mocoso arruine tan lucrativo negocio.

Barbarroja cogió a su nieto del brazo y lo condujo a tierra con su padre. Esa sería la última vez que vería el barco de su abuelo y aquel maravilloso caballito de madera al que jamás perdonaría la negativa de jugar con él.

Después de una larguísima travesía, Lady y su tripulación llegaron a la isla.

– Estoy segura que les llevamos mucha ventaja.- Lady lanzó la maroma al aire. – Adelante Tiritones, ya sabes lo que hay que hacer.

Como siempre Tiritones se ocupó de llevar la cuerda de amarre a la playa y sujetarla bien fuerte alrededor de una palmera. En cuanto Lady, Pepino y Rolando estuvieron en tierra, los cuatro comenzaron el camino siguiendo el sendero que marcaba el mapa del tesoro.

Pastilla y su tripulación de esbirros escondieron su barco cerca de unos acantilados, lejos de la playa donde había atracado Lady su barco. Llevaban un buen rato caminando a través de la isla y su frondosa selva de palmeras. Ellos no lo sabían, pero el mapa dibujado por Norberto en la hoja de la palma no les conduciría a ninguna parte. Por eso, después de estar varias horas perdidos por la isla, el capitán decidió mandar a su espía Norberto junto con Cebollo.

– Maldito mapa, no conduce a ninguna parte – dijo el capitán Pastilla – Ese ratón mareado ha dibujado un galimatías imposible de entender.
– Hij, hij – replicó Norberto.
– Calla malandrín, no me repliques. Tú y Cebollo vais a volver por donde hemos venido, estoy seguro que esa capitanilla chiquilicuatre ya ha desembarcado en la isla. Yo os esperaré aquí y oírme bien, no voy a permitiros ni un solo error más. Debéis volver a la playa y capturar el barco de lady para que no pueda huir con el botín. Después encontrar sus huellas y seguirlas sin que os vea nadie. Esa pequeñaja tiene el mapa y nos llevará hasta el tesoro.
Hicieron lo que dijo su capitán y al poco tiempo encontraron el rastro de la capitana y su equipo, que irremediablemente les conducirían hasta el escondite del tesoro.
– Norberto. – dijo Cebollo en voz baja – tú eres más pequeño y escurridizo, no les pierdas de vista mientras voy a avisar al capitán.

Lady y sus amigos llevaban mucho tiempo caminando y estaban agotados, sabían que les quedaba poco para llegar al punto donde el mapa indicaba el escondite del tesoro.
– Amigos. – Dijo Lady – vamos a descansar aquí, se está haciendo de noche y es muy peligroso caminar por la selva a oscuras. Pepino prepara el campamento, pasaremos la noche junto a estas palmeras.
Mientras, Cebollo había informado a Pastilla y juntos fueron al encuentro de Norberto, que escondido a pocos metros de nuestros amiguitos les vigilaba atentamente. Allí se juntaron los tres, esbirros y pirata, a la espera de que Lady y sus compañeros emprendiesen de nuevo el camino.

– ¿Has visto cuantas estrellas? – Le dijo Pepino a la pequeña capitana – hay muchísimas y ¡que brillantes son!
– Tienes razón Pepino. ¿Cómo crees que será ese mundo al que lleva el caballito de madera? Estoy impaciente por conocerlo. ¿tú no?
– Claro que sí capitana, claro que sí.
Entonces Rolando se puso a cantar de nuevo, porque la oscuridad de la noche le daba miedo.
– Fortunatisimo ververitaa, tralalalera tralalaraa, tralalalera tralalaraa … ¡Eh Fiiigaro, Figaro, Figaro, Figaro, Figaro, Figaro, Fiii..iigaro oi meee.
– Vaya por Díos, Pepino, Rolando va a despertar a toda la isla. Intenta calmarlo.
Pepino envolvió a Rolando en su pañuelo, lo tranquilizó y juntos se quedaron dormidos. A la mañana siguiente, los cuatro amigos retomaron la marcha. Hacía ya un buen rato que Tiritones había olido a Norberto y sabía que Pastilla y sus secuaces les seguían.

– Guau, guau… Guaaaaau!
– ¿Qué ocurre Tiritones? – Preguntó Lady – Si, ya lo sé, hace un buen rato que tenemos compañía. No te preocupes, ya se me ocurrirá algo.
Siguieron el camino marcado hasta llegar a una enorme sima escavada en el suelo que daba acceso a un estrecho túnel que conducía hasta una profunda cueva donde Barbarroja escondió el tesoro antes de desaparecer para siempre.
– ¡Oh! Cuantos juguetes, y que collares de coral tan bonitos. Mira esas muñecas, tienen un pelo perfecto. Dijo Lady a sus acompañantes.
– Madre mía Lady, nunca había visto tantos juguetes juntos. Uno podría pasar la eternidad jugando y olvidarse hasta de comer.
En lo alto de la montaña de juguetes asomaba la cabeza colorada del famoso caballito. Destacaba su magnífica y brillante crin. No había duda habían encontrado lo que venían a buscar. Lady subió por la montaña de juguetes sin poder ocultar su emoción. Agarró fuerte la correa de oro del caballito y tiró con todas sus fuerzas para liberarlo.
– Nunca me hubiera imaginado algo tan hermoso. Las historias de mi padre no llegaban a describir ni siquiera un poquito la belleza de este caballito de madera. – dijo Lady
– Aparta tus manos de ese caballo, mocosa. Nunca será tuyo ni de ningún otro niño. Lo destruiré para siempre. – Dijo Pastilla que acababa de llegar a la cueva.

Entonces el capitán capturó a Pepino, Tiritones y Rolando, que se habían quedado en la base de la montaña de juguetes. Rolando, preso de terror empezó a cantar de nuevo.
– Fortunatisimo ververitaa, tralalalera tralalaraa, tralalalera tralalaraa … ¡Eh Fiiigaro, Figaro, Figaro, Figaro, Figaro, Figaro, Fiii..iigaro oi meee.
– Tráeme ese caballito hasta aquí abajo y no hagas tonterías o tus amigos lo lamentarán. – Dijo Pastilla.
– No les hagas nada, lo bajaré, tú ganas. – dijo Lady.
Entonces, el caballito despertó de su largo sueño y con un espectacular relincho dijo.
– Ese olor a maldad, egoísmo y a caprichos me es muy familiar. – Entonces volviendo la cabeza hacia el capitán Pastilla dijo…. – ¿Acaso no aprendiste nada durante nuestro último encuentro?
– Si, maldito y mágico caballo, aprendí a triturar madera, igual que voy a triturarte a ti. – Dijo el capitán Pastilla.
– Lo siento caballito, he de entregarte al capitán para salvar la vida de mis amigos, por nada en el mundo permitiría que les pasase algo. – Lady abrazó al caballito y cogiéndolo de la correa comenzó a bajarlo. – Lo siento caballito. – Repetía Lady mientras lo bajaba.
– Espera capitana. – dijo el caballito de madera. – Mi magia puede sacarte de aquí, sólo tienes que subirte a mi montura y juntos atravesaremos el mundo hasta el lugar mágico del que procedo.
– Lo siento no puedo hacerlo, mi corazón está con mis amigos y jamás les traicionaría. – Lady seguía caminando hacia su malvado oponente.
– Piénsalo bien, capitana, un mundo de lujosos juguetes, manjares, agasajos y fortuna están a tu alcance, ¿estas segura de renunciar a ello? – Volvió a insistir el caballito de madera.
– ¡NO!, he dicho que no. Eres un caballito malvado, no hay nada más importante que mis amigos y entregándote a ti les salvaré a ellos. Tú sólo quieres salvarte y que Pastilla no te destruya. Tu sólo eres un juguete, un capricho fabricado para una caprichosa, nada de lo que puedas ofrecerme cambiaría el afecto que les tengo. – Entonces con lágrimas en los ojos, lanzó el caballito hacia el capitán. – ya tienes lo que querías, suelta a mis amigos y te prometo que jamás volverás a vernos.

Entonces, el caballito de madera se iluminó con una luz clara y brillante, como si en su interior se guardasen todas las estrellas del firmamento y quisieran salir. El capitán y sus secuaces quedaron cegados, permitiendo a los amigos de Lady reunirse con ella.
Después un arco iris invadió toda la cueva envolviendo a todos los que se encontraban allí y el malvado capitán y sus secuaces se desplomaron al instante, entrando en un sueño profundo del que jamás despertarían. Lady y sus amigos no podían creer lo que pasaba, habían estado a punto de morir a manos de esos malvados. Y ahora…

– No os preocupéis amiguitos, mi magia sólo daña a los oscuros de corazón. Todos aquellos con el corazón noble y puro jamás tendrán que temer nada de mí. Lady, la magia que se esconde en mi interior sólo puede mostrarse ante un acto de verdadero amor y sacrificio, pero debía estar seguro de que tu corazón era merecedor de ello, debía probar tu determinación. Al sacrificarme a cambio de tus amigos has demostrado que eras digna de mi magia. Subir a mi montura amiguitos, ya no necesitaréis surcar los mares en vuestro viejo velero, yo os llevaré a donde nacen los sueños, allí seréis felices y jamás experimentareis pena ni dolor.
– Es muy tentadora tu oferta caballito, pero el mejor lugar que podría imaginar es mi barco junto a mi querido Tiritones, mi inseparable Pepino y el exótico Rolando. Nada puedes ofrecerme ya que no tenga junto a ellos. Dijo Lady.
– Así sea pues.
Y en un último conjuro, el caballito condujo a los cuatro amigos hasta su barco y juntos fueron felices y surcaron los siete mares en busca de mil aventuras, pero eso ya es otra historia.
FIN

Por: Manuel Arranz Martín

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