DESPUÉS DE LA GENERACIÓN X…… QUÉ

Desde pequeños pensamos que todo eso que hacen los mayores es tonto y no está de moda. Se piensa que los sentimientos son para los débiles y mostrarlos en público toda una ofensa. Yo mismo, hasta hace bien poco me sorprendía a mi mismo diciendo “vaya gilipollez” al ver la escena de un padre arropando y besando a su hijo, pero como siempre el tiempo nos pone en nuestro lugar y ahora no me acuesto una noche sin hacer lo mismo que aquel actor de turno en la que entonces me parecía la película más ñoña jamás filmada. Lo mejor no es eso, si no que empiezas a pensar en  el futuro de otra manera, como algo más cercano e incierto, en definitiva que te preocupas por el futuro de tu hijo y empiezas a hacerte preguntas y reflexiones que antes no hacías. Será el instinto, y entonces comprendes todos los sufrimientos de tus padres, descubres que todos sus consejos estaban acertados, aunque no siguieses ninguno.

Desde que somos apartados del calor y la protección del útero materno y  nos enfrentamos al mundo en toda su realidad y su crudeza sentimos esa necesidad de ir superando retos cada vez más complicados. Es el mismo momento del nacimiento y nuestra primera toma de contacto con el ambiente que nos rodea, esa primera bocanada de oxigeno, ese primer reto que nos hace sentir vivos. Ese instinto de supervivencia innato en todos los seres vivos, en el hombre se convierte en una necesidad, y es esa necesidad la que nos hace ir superando retos, incluso, en ocasiones nos hace que pongamos en riesgo nuestra propia vida, contradiciendo el fin último de aquél instinto con el que dotó a nuestros ancestros la naturaleza.

Fuamndo tan pequeño?Tal vez sea ese el motivo de tanta violencia, de ese ir más allá que lleva a nuestros jóvenes a exceder los límites de lo lógico y lo natural en la búsqueda de ese sentimiento de vida, de ese primer aliento que demasiadas veces termina en el último. ¿Qué razón sino se le podría dar al suicidio y la autodestrucción, a las drogas y al alcohol? ¿Acaso se nos protege demasiado desde la cuna que nos hemos olvidado de nuestro bien más preciado? ¿Qué fue del instinto de supervivencia? Dicen los grandes aventureros, esos que suben al Himalaya, que cuanto más grande el reto, más grande el riesgo y más grande a su vez la sensación de estar vivos. Quizá esta sea la razón por la que muchos de nosotros terminamos en uno u otro trabajo o formamos una familia, incluso hasta nos encontramos con situaciones no deseadas.

Todos los obstáculos que la vida pone delante de un ser humano sirven para convertirle en mejor persona, y de no ser así se aplica la más cruel de las leyes naturales, donde quien no supera el reto es abocado al fracaso. Un fracaso que el ser humano se ha esforzado en minimizar y reconducir, como si quisiera reescribir las leyes naturales, con su propio código, un código en el que mueren los mejores, los más jóvenes y los mejor dotados. En realidad no debería de morir nadie innecesariamente, sin que la naturaleza lo disponga, eso es lo que hace que una especie sobreviva o fracase y se extinga, lleva siendo así desde que la vida se asentó en este planeta. Así es, que desde el siglo pasado, llevamos mandando a morir en absurdas disputas al futuro de la humanidad, y son precisamente ese futuro los que no entienden ni comprenden la sociedad y el mundo que les ha tocado vivir, ese mundo que nos dejaron y nos dejan todos aquellos hipis reconvertidos en multimillonarios yupis, gobernantes y empresarios, que  cansados de su revolución se dedican a joder la vida de los que vienen detrás.

Es muy difícil encontrar una sola causa para explicar el mal que aqueja a la sociedad del siglo XXI, más bien habría que referirse a un cúmulo de ellas, ni siquiera una destaca entre las demás. Para muchos es el estrés y el excesivo ritmo laboral que venimos sufriendo en las últimas décadas. Otros piensan que son la falta de expectativas o la imposibilidad de establecerse y tomar responsabilidades de los más jóvenes, que motivación se pude tener con la vivienda por las nubes, el trabajo basura, y los sueldos por el suelo. ¿No será que el actual modelo de sociedad no vale?, puede sonar repetitivo, pero insisto, la revolución del 68 ha dado de si todo lo que era y era la manera de unos pocos de colocarse bien. En realidad para eso se hacen las revoluciones, para quitar a uno y poner a otro en su lugar, la próxima revolución la haremos para dejar el sillón vacío, así al menos será creíble. Por supuesto eso no garantiza la solución del problema.

Es muy triste saber de la muerte de un conocido, y más cuando se tiene toda una vida por delante, un porvenir y hasta un futuro prometedor, algo que últimamente escasea y desde donde toda la sociedad debería reflexionar. Todo esto viene a colación de los últimos sucesos conocidos por todos nosotros, en los cuales han muerto el hermano de una compañera vuestra y un alumno que estuvo con nosotros el año pasado, en sendos accidentes de trafico. Desde aquí quede nuestro más sentido pésame para las familias y amigos, muy especialmente para los padres, pues es seguro que aún habiendo dado todos los consejos posibles, se torturarán pensando que podían haberlo evitado. Si de algo sirven mis palabras, tengan seguro que ustedes no son los culpables y que si hubieran podido evitarlo lo hubieran hecho.